
Cuando uno comienza tímidamente a asomarse al mundo inhóspito de la blogosfera, piensa que es, precisamente, así, inhóspito, pero, no; muy pronto se da cuenta del error… La blogosfera es acogedora, colaborativa, generosa… Sin embargo, también tiene una vertiente oscura y peligrosa: exige muchos sacrificios personales, profesionales, familiares y, muchas veces, renuncias a placeres anteriores (lectura, televisión, cine, música…). Como en tantos otros ámbitos de la vida, también aquí un término medio es lo más conveniente y aconsejable, siempre que se pueda.
Uno de los riesgos más temidos por el bloguero inexperto es que la blogosfera le absorba completamente, le limite de forma inexorable sus actuaciones. De “¿qué puedo decir?” a “¿tendré visitas?” hay sólo tres posts y cinco comentarios en una bitácora. Las lógicas dudas iniciales (¿seré capaz?, ¿tengo algo que contar?, ¿lo haré bien?…) se disipan en no demasiado tiempo e, inmediatamente, surgen otras (¿podré escribir mis post todas las semanas?, ¿tendré visitas?, ¿será interesante el tema elegido?, ¿por qué no hacen comentarios?). Siempre dudando… Dudo, luego existo. No es mala esa filosofía, desde luego…
Sin embargo, quisiera aquí hacer referencia a las ventajas que ofrece un blog colectivo frente a uno personal. Me temo que las renuncias son equiparables; el tiempo dedicado también; sin duda, las satisfacciones serán similares, pero hay una que no es posible experimentar en una bitácora individual: trabajar colaborativamente. Ésta es, quizá, la parte más gratificante que tiene este tipo de trabajo en la red: trabajar colaborativamente significa aprender en colaboración, crecer conjuntamente, compartir dudas, certezas, errores y aciertos.
En Tres Tizas tenemos la inmensa suerte de contar con reuniones virtuales a través de mensajes, móvil, e-mails, Messenger, Skype… pero también presenciales, en donde el intercambio de ideas, puntos de vista u opiniones es más cercano y vital. De alguna de estas reuniones han surgido ideas que se han plasmado -después de las discusiones pertinentes- en el nombre de una categoría, un nuevo post, un matiz, una imagen, una música o un detalle que pueden haber pasado desapercibidos para un solo par de ojos. Estos son los beneficios del trabajo compartido, del debate enriquecedor y del trabajo en equipo. Las renuncias individuales son mínimas y las satisfacciones inmensas, si hay un terreno común compartido. Se aprende mucho y más rápido compartiendo experiencias, opiniones y conocimientos; en grupo se aprenden habilidades sociales absolutamente necesarias en esta sociedad; se comparten sensaciones, emociones, nervios y muchos sentimientos…
Si la Teoría del cobijo de Patxo Landa explica perfectamente la blogosfera, adquiere su máximo sentido en un blog colectivo: los círculos concéntricos se entreabren y se cierran continuamente; las experiencias individuales se funden con las de los otros miembros y adquieren su dimensión más humana, más social, más blogosférica, precisamente, en el momento en que se integran en el conocimiento compartido del blog.
Marcos Cadenato de Tres Tizas
Crédito de la imagen 1 y Crédito de la imagen 2.









¡Qué razón tienes, Marcos! Yo, que también tengo la suerte de gestionar un blog colectivo con mis queridas compas de Blogge@ndo (aprovecho para agradecer a Adela y Mari Mar todo lo que he aprendido estos últimos años de ellas y con ellas), experimento también ese lujo de trabajar en grupo. Ya sabemos que la blogosfera es una red en macro pero la red en micro, la del blog colectivo, es muy muy cálida y acogedora, y muy productiva: es bonito ver cómo las ideas e iniciativas van madurando y tomando forma con las aportaciones de cada una, cómo se va tejiendo una secuencia didáctica o el contenido de un post con los tres cabos de la madeja. IRMADEL, TRES TIZAS…, ¿será que el trío es el número perfecto?
En serio, aprender a trabajar en equipo es un aprendizaje imprescindible si queremos (y debemos, además) desarrollarlo luego en nuestro alumnado. El blog en sí, ayuda para ello, pero más aún si es colectivo.
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Suscribo cada letra de lo que dices, Marcos. Cada letra y cada silencio porque, aunque el trabajo ha sido mucho, el respeto y el compromiso lo han sido todo.
El trío, el cuarteto, el quinteto… no hay magia ni cábala en el número, Irene, sino en los componentes del grupo y en la energía que transmite. Trabajo, respeto y compromiso, Patxo, han sido y son la base de cualquier proyecto que quiera tener éxito. Así es, si así os parece…
Como no puede ser de otra manera suscribo lo dicho por todos. Lo de las renuncias y, a veces, agobio, es una verdad incontestable. Ahora mismo, a mí personalmente, la sobreabundancia de curro me tiene en un limbo bloguero sin poder llegar a leer ni a escribir. Pero, bueno…pasará la racha.
Lo que quiero comentar es que cuando vemos, de manera tan palpable cómo hemos tenido la suerte de comprobar con nuestos trabajos compartidos, las ventajas de trabajar en equipo, la riqueza que proporciona la colaboración, el proceso fascinante de ir creando conocimiento entre todos, etc…no puedo entender cómo ni por qué se siguen poniendo tantas trabas al trabajo en equipo en el aula. No hay otra forma de construir conocimiento si no es en red: cognitiva, digital, virtual, presencial, afectiva, social…
Seguramente ese miedo que comentas, Marcos, “¿qué puedo decir?”, “¿tendré visitas?”, ¿seré capaz?, ¿tengo algo que contar?, ¿lo haré bien?… es uno de los principales problemas con los que se encuentra un profe o una profe cuando se enfrenta al dilema de bloquear o no bloquear that’s the question! pero estoy muy de acuerdo contigo y con la teoría del cobijo que tan bién describe Patxo, de que bloquear colectivamente es una buena manera de sumar, de compartir y de perder el miedo y el vértigo que puede producir enfrentarse a la decisión de mantener un blog. Cuatro ojos ven más que dos y 4 personas tienen más cosas que decir que una sola. En este sentido parece que apunta lo que se llama inteligencia colectiva y que tal vez podamos comentar en la Jornada.
Alguien de Blogueando seminario, en el comentario anterior, dice muy certeramente que “…la riqueza que proporciona la colaboración, el proceso fascinante de ir creando conocimiento entre todos, etc…no puedo entender cómo ni por qué se siguen poniendo tantas trabas al trabajo en equipo en el aula. No hay otra forma de construir conocimiento si no es en red: cognitiva, digital, virtual, presencial, afectiva, social…”
Quiero expresar una observación (no sistemática ni científica) que vengo haciendo hace tiempo: creo que una de las causas de que eso sea así es porque venimos de una cultura individualista, competitiva y nada participativa. Peor aún, nuestros gobernantes que son los que toman decisiones en estos (en todo) los temas “de interés general”, carecen de esa cultura de la cooperación, la colaboración y de la creación compartida del conocimiento. Mayoritaria y desgraciadamente, nuestros políticos son de la cultura del zancadilleo, del quítate tú para ponerme yo, el medalleo, la teoría de contrarios (no la de Heráclito sino la de llevar la contraria por sistema) y eso va a costar. Sólo a fuerza de presión desde abajo (y ahí el blog tiene un gran potencial demoledor) podremos hacer tambalear los cimientos de un sistema con aluminosis quística.
Así es, Marimar, no hay vuelta de hoja: el trabajo colaborativo es más enriquecedor, más vivo, más completo y quienes lo critican, o lo hacen desde el desconocimiento o -como señal Juanmi- arrastran una serie de viejas maneras que cuestan mucho erradicar de las aulas, de los centros y de muchas cabezas. Poc a poc… pero, con toda sinceridad, éste es el camino. Quienes tenemos ya un buen trecho andado, no tenemos ninguna duda.